Y yo me jactaba de vivir en un barrio decente.
He vivido en el centro de Viña del Mar toda mi vida. En todo lo que es el sector poniente de plan de Viña, nunca he tenido problemas de delincuencia, no he visto que maten a nadie cerca de mi, ni secuestros, ni ataques terroristas… ni siquiera agresiones verbales significativas.
Uno de los pocos puntos a los que podría haber hecho referencia para quejarme es el excesivo comercio sexual ambulante que uno encuentra a lo largo de avenida Libertad, calle uno poniente entre dos y nueve norte, etc. Tengo el hábito de caminar de noche, y sería considerablemente más grato de no estar presentes las/los trabajadoras sexuales deambulando por ahí. No es que me resulten especialmente ofensivos, ni que sea la clase de persona que sale a apalearlos simplemente porque están ahí. Simplemente resulta incómodo ir paseando tranquilamente, haciéndote cargo de tus propios asuntos, sumido en tus pensamientos, y que una voz varonil te devuelva a la realidad con salidas del corte de “hola…” o “estay tan solo, ¿no quieres compañía?”.
No dudo que alguien menos tolerante les respondería con poca cortesía, digamos, con un palazo en la cabeza o una patada en la cara. Yo me limito a mirarlos lo suficientemente feo como para que entiendan que molestar es mala idea.
Estos sujetos, más la ocasional mujer, lo cual siempre es cuestionable, han estado ahí desde que tengo memoria. Lo sorprendente es precisamente eso, que siguen ahí. Lo que significa que, pese a ser claramente hombres que visten como grotescas parodias de una de las creaciones más bellas del señor, tienen clientela. Uno podría pensar que estos clientes son alguna especie de perdedor menesteroso que a falta de una pareja, orgullo y dignidad, recurre a este tipo de servicios. Sin embargo, detengámonos a observar a la clientela.
1.- Todos andan en auto.
2.- Nunca son autos baratos.
3.- La mayoría parece rebasar los 30 años.
4.- Muchos presentan claras señales de estar casados.
Oh, sorpresa. Tenemos gente con familia y buena situación económica que recurre al comercio sexual, y no precisamente a los mejores oferentes.
Y se lo crean o no, esto sigue siendo simplemente el preludio.
Tres noches atrás, me encontraba sentado conversando con un amigo en tres norte esquina uno poniente, a eso de las tres de la mañana, cuando las/los trabajadoras se han retirado, o por lo menos aparecen en menor cuantía por lo que el errar por ahí resulta menos ingrato. Llevábamos ya un buen rato conversando cuando un vehículo pasa frente a nosotros, muy lento, por lo que pensé que tal vez algún idiota podría haberse visto atraído por alguno de los dos, pensando que trabajábamos de gigoló o algo por el estilo. Resulto que el tipo iba acompañado de una mujer, así que nuestras preocupaciones se disiparon, sólo para ser reemplazadas por la sorpresa de mi amigo y un levantamiento de la ceja derecha por mi parte. Resulta que la mujer que iba sentada junto al conductor no halla nada mejor que exhibir su culo por la ventana, aparato sexual inclusive. Sin mediar provocación, por cierto.
Dos días después, esto es, hoy por la madrugada, caminaba por siete norte a la altura de uno oriente, cuando escucho un leve sonido proveniente del estacionamiento de una casa sin rejas, o bien una oficina. Francamente no reparé en ello. El caso es que volví la vista para averiguar de qué se trataba y ver si debía reaccionar ante una amenaza o si simplemente era un gato especialmente grande. Al volver la vista me encontré con una joven cubriéndose el rostro (quiero creer que era una joven, voy a creer que era una joven, y por favor, no pierdan el tiempo tratándome de hacer creer lo contrario), dándole la espalda a un sujeto que espero haya sido su pareja, que la sujetaba por las caderas. Hasta ahí, nada del otro mundo. Lo llamativo de la situación es que la muchacha tenía los pantalones algo más abajo de donde se usan normalmente, digamos, exactamente donde empieza la pierna.
Así pues, en un periodo de tres días, TRES, de los cuales sólo salí dos, me encuentro con un exhibicionista y una pareja apareándose en la vía pública. ¿Cuáles son las probabilidades?
Curioso, por decir lo menos. No tenemos asaltos, homicidios, escándalos, PERO la gente se exhibe por ahí lo mismo que se aparea a vista y paciencia de todos.
Y los hay que se escandalizan por los vendedores ambulantes y los mendigos.

1 Comments:
El otro día me dijiste que me diera una vuelta por tu blog, pero en ese momento tenía una confusión gigante en mi cabeza y necesitaba aclararme. Lo siento por no haber puesto atención a esto, pero hoy ya todo es claro como el agua y puedo darme la gana de leer tu blog y de escribir en el mío.
La verdad es que eso es pan de cada día en la capital de este país. Tengo suerte de no vivir en el centro y a la vez mala suerte por lo mismo. No tengo que ver todo eso a pesar de que sé que existe. Ya no me extraña, esto pasa todos los días. Lo que me da asco y la sensación de hastío frente a la sociedad son las personas que utilizan estos recursos y que son ejemplares padres de familia, personas que surgen, exitosos y que tienen un tejado de vidrio del porte de un estadio. Asco, que más... y si esa persona era mujer u hombre... mejor piensa que era mujer (te encuentro toda la razón en ello).
Lo malo es tener que viajar tanto para llegar al centro y caminar por la ciudad.
Bueno, seguiré leyendo tu blog, estas vacaciones los posts siempre aumentan... date una vuelta por el mio (click en mi nombre)
saludos.
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