Buenos vecinos.
A lo largo de mi vida, creo que jamás he tenido serios problemas con mis vecinos. Nunca he peleado con ellos, jamás hemos tenido roce en la convivencia diaria, y han sido por demás gente tranquila con la que no resulta especialmente difícil convivir, lo cual es siempre grato.
Dicha situación, como aparentemente todo lo bueno y rescatable en esta vida, no podía durar indefinidamente.
Hace alrededor de unos dos años, a algunos geniecillos de mi edificio se les ocurrió la brillante idea de arrendar sus departamentos a estudiantes. ¡Estudiantes, por Dios santo! Yo soy estudiante, muchos de ustedes, lectores, también lo son, y si bien me rodeo de gente medianamente centrada, todos sabemos como es el estudiante promedio. Y ciertamente es este sujeto genérico indeterminado quien llega y arrienda, no aquellos que constituirían la excepción, notable por su ausencia, que da lugar al denominado “buen vecino”. No. Son la clase de idiotas que hacen fiestas escandalosas llenas de ebrios hasta altas horas de la madrugada, importándoles un carajo la comodidad de sus vecinos. ¿Les suena? ¿Calza con la descripción de alguno de ustedes? Si resulta ser así, sabed, amigos míos, que por mucho que los quiera no los soportaría como vecinos. Pero me estoy desviando del tema.
Anoche, uno de estos mocosos, pues difícilmente ha de tener más de 20 o 21 años y la actitud es ciertamente de niño de 15, no halló nada mejor que llegar con la tropa de amigos, ebrio como él solo, a eso de las 4:20am. Sabed, señores, que es raro que me acueste antes de esa hora, mas había decidido hacerlo pues hoy debía comenzar a funcionar temprano. Sabed, además, que para esa hora, por anómalo e inverosímil que resulte, yo dormía. Y este estúpido animal ha llegado gritando a viva voz, junto a un grupo de amigos, todos en condiciones lamentables. Quizá lo que resultase más triste eran dos féminas, pues no me referiré a ellas como señoritas, que entre estridentes carcajadas alegaban que “son cuatro pisos, no puedo”. Háganse una idea de cómo estaban.
Ciertamente, estar ebrio, si calza con tu estilo de vida, no tiene nada de malo. Ahora, hacer escándalo a las 4:20 de la mañana y despertarme, esa es otra historia. Veamos qué es lo que me lleva a definir a este mocoso como un estúpido animal, descalificativo que reservo únicamente para aquellos lo suficientemente indignos de su calidad de persona como para resultar dignos de semejante definición.
1.- El condominio está repleto de gente de avanzada edad.
2.- Hay por lo menos una persona víctima de un derrame cerebral que padece serias complicaciones motrices producto del mismo.
3.- Los más de los residentes son gente de trabajo, que se levanta temprano a trabajar. Trabaja, por lo que se cansa, ergo precisa descansar.
4.- Más de una familia tiene hijos pequeños, y como muestra un botón: mi sobrina de menos de dos años.
Y esta forma de vida inferior llega haciendo escándalo. Ahora, no contento con haberse puesto a hacer ruido en el patio, el tipo tiene, forzosamente, que dar una fiesta en su casa, que empieza a las 4:30am. Es en momentos así en que digo, “Santiago, has errado el camino. Lo tuyo no es el derecho, debiste haber sido sniper.” Pero bueno, ya estoy metido en esto. Quizá algún día de verdad me haga sniper.
4:35am y yo ya estoy vestido y saludando al oficial de turno en la comisaría. No para presentar mi situación, no. Yo voy a hacerme acompañar de un carabinero para que vaya y les pase un parte. No lo pedí por favor, lo exigí. Y cuando uno pide las cosas adecuadamente, carabineros tiene el buen hábito de cooperar. A los cinco minutos, el parte ya estaba emitido, y yo estaba ligeramente menos enojado. Aunque el ruido no paró sino hasta más o menos una hora después. De cualquier modo, no pude conciliar el sueño hasta alrededor de las 7am.
Hoy, como dije con anterioridad, tenía que comenzar a funcionar desde temprano. Dado que no soy especialmente mal cristiano, decidí esperar hasta una hora razonable para salir cuatro pisos de mi camino e ir a darle los buenos días a mi vecino. 9:45am y toco a su puerta. Tarda algo así como dos minutos en abrir. No se quitó la ropa para dormir, y está hecho un desastre. Sus ojos están inyectados en sangre, despide un ligero aroma a alcohol.
“Buenos días, mi nombre es Santiago Sáez, soy tu vecino y espero una disculpa de tu parte. Anoche me despertaste a las 4:20am y me desvelé hasta las siete. Despertaste además a mi hermano, que está enfermo. Podrías también haber despertado a mi sobrina, que tiene algo más de un año y medio, o a mi madre, que se saca la cresta trabajando y tiene como mínimo derecho a descansar tranquila. No sé dónde creciste, pero aquí llegar a las cuatro y media de la mañana, haciendo escándalo y a hacer escándalo, es una falta de respeto.”
El estúpido animal vaciló unos segundos, su maltratado cerebro intentando articular respuesta.
“Anoche vino un carabinero. Según el reglamento primero tiene que venir el conserje. Me pasaron un parte.” Sospecho que tal vez, sólo tal vez, pensó que eso podría tener algún efecto en mí distinto de hacerme sentir algo más satisfecho. Se equivocó.
“Me parece de lo más adecuado. Esas no son horas de hacer escándalo, y esta no es la primera vez. De hecho, todos aquí estamos hartos de ti, lo único que me diferencia de los demás es que soy el único que va a venir a decírtelo en la cara. Ahora, si tienes alguna queja al respecto, puedes hablarlo en la próxima reunión. Hasta luego, que tengas un buen día.”
No articuló respuesta. Probablemente no sea capaz de ello, menos en ese deplorable estado. Probablemente reincida. Ahí estaré, para que le crucen otro parte. Y otro. Y otro. Y así, hasta que sus padres decidan venirse a vivir con él pues no está calificado para vivir solo, le compren una casa lejos de aquí, o simplemente alguien con menos modales que yo decida ponerle fin a la situación deshaciéndose del sujeto.
Recordad, señores. Los malos vecinos están ahí, siempre prestos a hacerles la vida un poco más amarga. Recordad también, señores, que siempre hay un vecino aún peor. Ese soy yo.

2 Comments:
No solo los estudiantes pueden ser malos vecinos. Desde que se fueron los vecinos de siempre hace unos 3 o 4 años, esa casa ha pasado de arrendatario en arrendatario, uno más malo que el otro. Eran de todos los fines de semana las fiestas con el volumen de la música realmente exagerado, los gritos, las peleas... era sentir que zapateaban en tu cabeza, más las noches en vela. Con mi padre somos el tipo de vecino que eres tu y aprovechamos un día cuando ya nos habíamos saturado porque sacaron los parlantes al jardín y tenían mucha bulla, siendo que la noche anterior habían tenido una fiesta de proporciones... mi padre llamó a los carabineros y llegaron justo en el momento en que un menor de edad tomaba cerveza y tenía la camioneta encendida. Recuerdo los gritos de la madre del chico en cuestión "mi hijo no es un delincuente". Te mentiría si te dijera que no lo disfruté. Lo disfruté y bastante.
Y nada de malo tiene haberlo disfrutado ^_^
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