¡Abandonen el barco!
Al escuchar tal exclamación uno no puede evitar notar que, después de todo, no ser capitán no es tan malo.
Siendo poco menos de las dos de la mañana (algo menos de la una, con el cambio de hora) me encuentro sentado escribiendo. Hasta hace un minuto atrás leía y antes de eso, por espacio de más de una hora, intentaba dormir. No hacen falta grandes poderes de deducción para percatarse de que fallé miserablemente en dicha empresa. Fracaso que ciertamente me pesa, de verdad tenía sueño. Pero ellos se confabularon en mi contra una vez más, y me lo impidieron. De nuevo.
Llegados a éste punto del relato puedo fácilmente imaginar al lector sentado ante su computador, con una mueca que denota incredulidad e inquietud."¿Ellos se confabularon en su contra? ¿De verdad puso eso por escrito?"
"Se veía venir", pensarán algunos. "Siempre pensé que tardaría más" dirán otros, y todavía los habrá que digan "noticia vieja, hace tiempo que lo veo caminar solo por las noches hablando consigo mismo y gritándole cosas a los árboles*".
No, no estoy loco, o cuando menos no demasiado. "Ellos" están perfectamente identificados y no son ningún culto oscuro, sociedad secreta, policía secreta, extraterrestres o inadaptados sociales disfrazados de gato; no, la verdad es siempre peor, mucho peor. Son los vecinos.
En algún trágico momento de la historia los propietarios de algunos departamentos aledaños al mío decidieron arrendarlos. Siendo, como evidentemente son, seres inconscientes, desconsiderados y tal vez hasta positivamente malintencionados, arrendaron los inmuebles a la más baja calaña de bestia humanoide, la lacra social que atesta los antros en que se desarrolla la mal llamada vida nocturna. Me refiero, como el lector ya habrá concluido, al adulto joven/alumno universitario.
Para tratar de ser ligeramente justo he de admitir que no se puede echar a todas esas alimañas al mismo saco. Hay alumnos que efectivamente estudian (he ahí la distinción entre alumno y estudiante) y adultos jóvenes que trabajan, intentan formar familia o llevan sus vidas discretamente sin molestar a nadie. Y en la postura diametralmente opuesta tenemos a mis vecinos.
Ya no llevo la cuenta de cuántas veces me he levantado a tocar timbres, golpear puertas e ir a buscar personalmente a carabineros** a lo largo de los últimos años, ni de la frecuencia con que lo hago. Años atrás era algo así como una vez al mes. Hoy por hoy, tras largos ejercicios de paciencia, tengo que hacer esfuerzos titánicos para no levantarme a odiar de lunes a lunes porque, por razones que la ciencia moderna no consigue explicar, estos individuos*** lisa y llanamente no duermen. Lo que se traduce en que los que alguna vez dormimos en forma regular hoy lo hacemos considerablemente menos, con todo lo que ello implica. No me sorprendería que la próxima vez que un médico me ausculte el pecho lo único que consiga escuchar sea "tic-tac".
Hace no mucho rato fui testigo (o víctima) de lo que sin duda son esfuerzos de ésta gente por superarse a sí misma. No solo han desarrollado el hábito de carretear en sus balcones, lo que implica poner la música a volumen suficiente para que se escuche fuerte en el balcón sino que además conlleva gritar para hacerse oír por sobre la música****, sino que en su constante afán por incordiar al prójimo han comenzado a explorar nuevas formas de hacerse odiar.
Resulta que hace un rato tuve que salir de mi cama, vestirme y salir al patio a hacerlos callar, porque los (introduzca aquí los insultos que crea convenientes, nunca son suficientes) estaban tomando (no diré bebiendo, dado que ello implica un grado de sofisticación del que los creo incapaces) y conversando a gritos fuera de mi ventana. Obviamente no guardaron silencio inmediatamente luego de que los hiciera callar, pero se fueron de vuelta a su departamento tras unos pocos minutos y al cabo de un rato dejaron de hacer ruido.
Es al volver a mi habitación que me asaltan algunos problemas existenciales. El primero de ellos, ¿es la vida verdaderamente tan sagrada? ¿Lo suficiente como para que nunca pueda considerarse que el hecho de que el vecino esté vivo sea un problema que debe ser remediado?; segundo, pareciera ser que uno nunca tiene las suficientes herramientas en casa. Pasemos lista:
Máscara de hockey: no.
Machete: no.
Hacha: no.
Palo de golf, 6-iron: no.
Tommy gun: no.
Motosierra: no.
Gas mostaza: no.
Pero desvarío (en la primera acepción del vocablo).
El fenómeno "vecinos problema" parece ser un mal agresivo y de veloz propagación, como el cáncer, y veo con dolor que afecta no sólo al lugar en que vivo, sino a varias partes del sector norte - poniente de Viña en general. Lo que me parece trágico. Uno aprende a querer a Viña a pesar de sus pequeños defectos: sus veredas comparables a pistas de bicicross, sus calles que se vuelven intransitables al más leve asomo de lluvia, los lomos de toro que aparecen en forma aleatoria cada vez empiezan obras de construcción (esto porque carecemos de un auténtico alcantarillado), los sospechosos e inexplicables olores a... sepa dios qué horrores, que van y vienen sin causa aparente y los trabajadores sociales***** que pululan por sus calles tras la puesta de sol. Pero con estos vecinos no hay nada que hacer, me rindo. Abandonen el barco, y que mal rayo parta a estos canallas.
Si usted está contemplando irse a vivir a la zona en cuestión, piénselo dos veces. Y luego una tercera. Después, piénselo mejor. Y si luego de ello decide pese a todo hacerlo, bueno, se lo advertí.
* Fue a un solo árbol, y se las buscó. Me miró de esa forma.
** Los pacos.
*** Malditos sean ellos, su semilla y el fruto de sus entrañas hasta la decimoquinta generación y hasta el sexto grado en la lateral inclusive.
**** Lo que se traduce en que uno oye todas y cada una de sus insípidas conversaciones, se entera de sus amores y desamores y tristemente no se extraña de, en un plazo de años, jamás haberles oído decir nada que mereciera ser escuchado.
***** Travestis.
Siendo poco menos de las dos de la mañana (algo menos de la una, con el cambio de hora) me encuentro sentado escribiendo. Hasta hace un minuto atrás leía y antes de eso, por espacio de más de una hora, intentaba dormir. No hacen falta grandes poderes de deducción para percatarse de que fallé miserablemente en dicha empresa. Fracaso que ciertamente me pesa, de verdad tenía sueño. Pero ellos se confabularon en mi contra una vez más, y me lo impidieron. De nuevo.
Llegados a éste punto del relato puedo fácilmente imaginar al lector sentado ante su computador, con una mueca que denota incredulidad e inquietud."¿Ellos se confabularon en su contra? ¿De verdad puso eso por escrito?"
"Se veía venir", pensarán algunos. "Siempre pensé que tardaría más" dirán otros, y todavía los habrá que digan "noticia vieja, hace tiempo que lo veo caminar solo por las noches hablando consigo mismo y gritándole cosas a los árboles*".
No, no estoy loco, o cuando menos no demasiado. "Ellos" están perfectamente identificados y no son ningún culto oscuro, sociedad secreta, policía secreta, extraterrestres o inadaptados sociales disfrazados de gato; no, la verdad es siempre peor, mucho peor. Son los vecinos.
En algún trágico momento de la historia los propietarios de algunos departamentos aledaños al mío decidieron arrendarlos. Siendo, como evidentemente son, seres inconscientes, desconsiderados y tal vez hasta positivamente malintencionados, arrendaron los inmuebles a la más baja calaña de bestia humanoide, la lacra social que atesta los antros en que se desarrolla la mal llamada vida nocturna. Me refiero, como el lector ya habrá concluido, al adulto joven/alumno universitario.
Para tratar de ser ligeramente justo he de admitir que no se puede echar a todas esas alimañas al mismo saco. Hay alumnos que efectivamente estudian (he ahí la distinción entre alumno y estudiante) y adultos jóvenes que trabajan, intentan formar familia o llevan sus vidas discretamente sin molestar a nadie. Y en la postura diametralmente opuesta tenemos a mis vecinos.
Ya no llevo la cuenta de cuántas veces me he levantado a tocar timbres, golpear puertas e ir a buscar personalmente a carabineros** a lo largo de los últimos años, ni de la frecuencia con que lo hago. Años atrás era algo así como una vez al mes. Hoy por hoy, tras largos ejercicios de paciencia, tengo que hacer esfuerzos titánicos para no levantarme a odiar de lunes a lunes porque, por razones que la ciencia moderna no consigue explicar, estos individuos*** lisa y llanamente no duermen. Lo que se traduce en que los que alguna vez dormimos en forma regular hoy lo hacemos considerablemente menos, con todo lo que ello implica. No me sorprendería que la próxima vez que un médico me ausculte el pecho lo único que consiga escuchar sea "tic-tac".
Hace no mucho rato fui testigo (o víctima) de lo que sin duda son esfuerzos de ésta gente por superarse a sí misma. No solo han desarrollado el hábito de carretear en sus balcones, lo que implica poner la música a volumen suficiente para que se escuche fuerte en el balcón sino que además conlleva gritar para hacerse oír por sobre la música****, sino que en su constante afán por incordiar al prójimo han comenzado a explorar nuevas formas de hacerse odiar.
Resulta que hace un rato tuve que salir de mi cama, vestirme y salir al patio a hacerlos callar, porque los (introduzca aquí los insultos que crea convenientes, nunca son suficientes) estaban tomando (no diré bebiendo, dado que ello implica un grado de sofisticación del que los creo incapaces) y conversando a gritos fuera de mi ventana. Obviamente no guardaron silencio inmediatamente luego de que los hiciera callar, pero se fueron de vuelta a su departamento tras unos pocos minutos y al cabo de un rato dejaron de hacer ruido.
Es al volver a mi habitación que me asaltan algunos problemas existenciales. El primero de ellos, ¿es la vida verdaderamente tan sagrada? ¿Lo suficiente como para que nunca pueda considerarse que el hecho de que el vecino esté vivo sea un problema que debe ser remediado?; segundo, pareciera ser que uno nunca tiene las suficientes herramientas en casa. Pasemos lista:
Máscara de hockey: no.
Machete: no.
Hacha: no.
Palo de golf, 6-iron: no.
Tommy gun: no.
Motosierra: no.
Gas mostaza: no.
Pero desvarío (en la primera acepción del vocablo).
El fenómeno "vecinos problema" parece ser un mal agresivo y de veloz propagación, como el cáncer, y veo con dolor que afecta no sólo al lugar en que vivo, sino a varias partes del sector norte - poniente de Viña en general. Lo que me parece trágico. Uno aprende a querer a Viña a pesar de sus pequeños defectos: sus veredas comparables a pistas de bicicross, sus calles que se vuelven intransitables al más leve asomo de lluvia, los lomos de toro que aparecen en forma aleatoria cada vez empiezan obras de construcción (esto porque carecemos de un auténtico alcantarillado), los sospechosos e inexplicables olores a... sepa dios qué horrores, que van y vienen sin causa aparente y los trabajadores sociales***** que pululan por sus calles tras la puesta de sol. Pero con estos vecinos no hay nada que hacer, me rindo. Abandonen el barco, y que mal rayo parta a estos canallas.
Si usted está contemplando irse a vivir a la zona en cuestión, piénselo dos veces. Y luego una tercera. Después, piénselo mejor. Y si luego de ello decide pese a todo hacerlo, bueno, se lo advertí.
* Fue a un solo árbol, y se las buscó. Me miró de esa forma.
** Los pacos.
*** Malditos sean ellos, su semilla y el fruto de sus entrañas hasta la decimoquinta generación y hasta el sexto grado en la lateral inclusive.
**** Lo que se traduce en que uno oye todas y cada una de sus insípidas conversaciones, se entera de sus amores y desamores y tristemente no se extraña de, en un plazo de años, jamás haberles oído decir nada que mereciera ser escuchado.
***** Travestis.

3 Comments:
No se porque mi nick en esto es "El Sonidista"...debe remontarse a mi época de, como el nombre lo indica, sonidista de la banda de un amigo.
Lamentablemene, la vida apilados unos sobre otros conlleva esa trágica carga que son los vecinos, son una lata, nunca te tocan los que uno sueña (una rubia ninfómana con una fijación con nuestra persona, una pareja de sordomudos con pies de gato)Pero bueno, te vas a tener que aguantar hasta que no te puedas ir a vivir a un lugar apartado, sin vecinos ni compañia humana alguna. Jejeje
Saludos Chago!
Diego B.
La verdad, concuerdo con esto de que tendrás que aguantarte hasta poder vivir en aislamiento.
Que dada la naturaleza humana (gregaria) creo que sólo sería posible si te convirtieras en hermitaño :/
Pero vele el lado positivo, y trata de ponerlo en práctica la próxima vez: podrás descargar tu ira con ellos, por todas las otras cosas que siempre te molestan :D
Total, para ellos siempre vas a ser el vecino aguafiestas, hagas lo que hagas.
Que al menos las interacciones te sirvan para botar rabia :D
:* SLDS
Tienes dos opciones.
1.- Pensar en el prójimo y dejar que el dueño original de ese inmueble lucre con el fruto de su esfuerzo (Al menos idealmente debería ser la idea de arrendarlo)
2.- Consultar el atractivo y siempre didáctico "The terrorist Hand Book".pdf (El cual puedes obtener por MSN con supondrás quién) Te sorprenderías de la cantidad de cosas que se pueden hacer con Aluminio y Oxido de Fierro.
Un Abrazo. Flisto
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