Chago's Corner

Francamente, no se me ocurre una descripción adecuada. ¿Y a ustedes?

Nombre: Unknown

domingo, marzo 05, 2006

De vuelta al mundo de los vivos.

El título apunta más que nada a que hace casi un mes que no escribo nada. Mis posts nunca han sido muy periódicos, pero así todo un mes es, cuando menos, excesivo. Me encantaría salir con alguna patraña del orden de “tengo mis razones” o “he estado terriblemente ocupado en X” pero mentiría. Ha sido mera pereza intelectual, alimentada por un estado anímico que dista mucho de ser de los mejores que he tenido. Pero bueno, dejemos todo eso de lado para tocar los dos temas que nos ocupan hoy:

1.- La gente es soquete: Messenger V/S ICQ.

2.- La gente es aún más soquete.

1.- La gente es soquete: Messenger V/S ICQ.

Quizá, lector, recuerdes los tiempos de antaño, en que no había banda ancha, y para comunicarse uno recurría al teléfono antes que cualquier otra cosa. Los pocos afortunados que teníamos Internet nos valíamos de mecanismos hoy casi extintos en nuestro país, cuales son ICQ e IRC. Casi extintos gracias a Messenger. Lo cual, para ser honesto, no conseguiré explicarme racionalmente jamás. Podría meditar el resto de mi vida bajo una cascada, desarrollar branquias, echar raíces sobre la roca en la que estaría parado, trascender los límites de la mente humana, finalmente iluminarme y equipararme a la divinidad y aún así no llegaría jamás a entender por qué es que cambiamos ICQ por Messenger. Nunca. Es como… no sé, sacarse un trozo de langosta de la boca para reemplazarlo con el infame y legendario “pan con caca”, broma que por cierto he de hacer a una sabandija antes de morir, pero esa es una historia para otro día.

De verdad, no tiene sentido. Ninguno. De acuerdo, el look de Messenger es más amigable, su uso ciertamente más sencillo, pero vamos, no había que recurrir a oscuras técnicas de interpretación cabalística y oscuro conocimiento informático reservado a los ingenieros más avezados en su ciencia para usar ICQ. Y una vez que aprendías a manejarlo, resultaba bastante más agradable que Messenger. Veamos ciertas bondades del programa, y sólo unas pocas.

- Estabilidad. Sorpresa, sorpresa. La estabilidad no es una bendición del señor reservada sólo para unos pocos. Es lo normal en un programa, y es de hecho exigible, así que no se sientan culpables por querer que Messenger no se caiga una o dos veces por hora en promedio cuando anda de malas y luego se rehúse a conectar, pues nada de malo hay en creer que eso no es normal. PORQUE NO LO ES. Se supone que las cosas están hechas para funcionar, y Messenger no lo hace. O al menos, no como debería. ICQ sí. Es muchísimo más estable. Y sin embargo, lo dejamos en pro de Messenger.

- Transferencia de archivos. Seamos realistas, por Messenger no podemos mandar archivos grandes. Todos sabemos que en cualquier minuto Messenger se desconecta y ¡Oh, tragedia! Perdemos todo cuanto hemos recibido o enviado. Porque, pese a todos los años que lleva funcionando el programita, aún no aparece el genio que diga “saben, deberíamos poner la opción de resumir el envío de archivos.” O tal vez apareció y lo dijo, y murió instantáneamente acribillado por sus compañeros de trabajo, que no querían tomarse la molestia de hacerlo. Y si llegas a cerrar la ventana de conversación en que estás mandando el archivo, da la transferencia por perdida. No sucede así con ICQ, pues las transferencias se realizan en una ventana aparte, por lo que puedes cerrar la conversación sin que ello repercuta en el envío de archivos, puedes ver la velocidad de transferencia y hasta cierto punto regularla, y si a alguna de las partes le da por desconectarse, posteriormente pueden resumir el envío, sin perder lo que ya se habían enviado. Por supuesto, esto ni siquiera es un sueño en Messenger, pues cualquier sujeto sensato ni siquiera soñaría con ello.

Creo que como muestra basta y sobra con esos dos botones. Nunca me gustó el cambio, aunque debo reconocer que enviar los mensajes presionando simplemente “Enter” en lugar de alt+s es más cómodo. Cuestión que ya está solucionada actualmente en ICQ, donde puedes optar por el sistema tradicional de alt+s o simplemente enter. Los avatars son algo más complicados de usar que en Messenger, pero tb tienes la posibilidad de editarlos como te acomode, cambiar el centro de la imagen, tamaño, etc. Así que si no eres un perezoso y te animas a dedicar dos minutos de tu vida a aprender a usarlo, ICQ resulta superior por donde se lo mire.

Así las cosas, tengo forzosamente que volver a preguntar ¿Por qué cambiamos ICQ por Messenger? La respuesta a la pregunta es dolorosamente simple. Fue por culpa de la gente. De un día para otro descubrieron Messenger y dijeron “¡Mirad, un programa a prueba de tontos! ¡Sin duda lo han hecho para nosotros, que dada nuestra condición de tontos, lo preferiremos a hacer un esfuerzo mínimo por aprender a usar algo 100 veces mejor! ¡Migrad, compañeros, migrad! ¡Haced caso omiso a los dictámenes de la recta razón! ¡Pan y circo! ¡Y Messenger!”. Y de un día para otro, ICQ empezó a vaciarse. Nuestros amigos menos despiertos, o tal vez más perezosos, se cambiaron inmediatamente a Messenger. Recuerdo incluso que algunos hacían público mediante mensajes en cadena dentro de ICQ que dejarían de usarlo y pasarían a Messenger. Messenger ni siquiera tiene la opción de mandar mensajes en cadena a tu lista de contactos o a algunos de tus contactos. Si quieres dejarles un mensaje cuando no están en línea, tienes que enviarles un mail. ICQ hasta hoy tiene la posibilidad de dejar mensajes off line. ¿Por qué, oh soquetes, habéis dejado ICQ por Messenger? Vergüenza sobre vosotros y vuestras familias.

Finalmente, relegados al olvido, los que usábamos ICQ tuvimos que pasar a Messenger para no quedar “incomunicados”. Pasaron los años, nos acostumbramos a la porquería de programa que ni siquiera te deja enviar archivos en paz y olvidamos las bondades de ICQ. Anoche, tras una buena cantidad de malos ratos con Messenger, que estaba especialmente odioso, recordé a mi viejo y querido ICQ, que no me daba esos problemas. Lo descargué e instalé y para mi sorpresa, mi vieja cuenta aún existía. No había nadie en línea, claro está, pues hoy todos en este país de idiotas usan Messenger. Pero la posibilidad de cambiarse a algo mejor está ahí. Si a alguno le interesa, mi número de ICQ es 42856292. Y también tenemos google talk como otra opción más. Olvídense de Messenger.

2.- La gente es aún más soquete.

Hará unos cuatro días atrás que conversaba con un amigo, un sujeto que ya está saliendo de psicología. Me comentaba que ese día iba a salir con alguna jovencita que no conozco, pero que no estaba muy convencido. Inmediatamente, me asaltó la más sensata de las dudas que podría haberme aquejado en aquella situación: ¿Por qué chucha me está contando esto a mí?” O sea, seamos serios. La única constante en mi vida, según otro de mis muy queridos amigos, son las penas de amor. Así pues, ¿qué lleva a un hombre inseguro a buscar consejo en mí? Instantáneamente se le viene a la mente a uno el adagio que reza “si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un pozo.” ¿Por qué, de entre todos cuantos hay para dar consejo, busca alguien el mío en esa área? Jamás dejará de ser un misterio, pero de todos modos se lo di. Lo interesante del caso es que no era nada que él no hubiese pensado ya, aunque quizá planteado de otro modo. Lo mismo que nos pasa a todos cada vez que le contamos cosas parecidas a algún amigo esperando escuchar alguna palabra que nos sea útil o simplemente desahogarnos un poco.

Por lo menos en mi caso normalmente veo todas las posibilidades en una situación, elijo una y luego comento más o menos lo que he pensado, pero siempre dejo para el final las conclusiones a las que llego. ¿Por qué? La respuesta es obvia. Si el interlocutor salta a las mismas conclusiones antes de que uno las comparta, uno las ve reafirmadas, y bastante, sin siquiera tener que insinuarlas. Si el tipo apunta a otro lado, hago saber mis impresiones al respecto, y si son incompatibles reconsidero, aunque es raro que cambie de opinión (puedo ser horriblemente testarudo). En el fondo, todos tomamos nuestras decisiones de antemano, de ahí sólo buscamos algo de apoyo. O buscamos que otro nos diga algo que ya sabemos. La cuestión es tan clara como el agua, la tenemos frente a la nariz, pero necesitamos que otro venga y la apunte con el dedo, cual si fuéramos niños pequeños, para verla con claridad. O aceptar lo que estamos viendo, y se me ocurre que va más por esto último.

El sujeto al que hago referencia en un principio ya había decidido salir con la mina de todos modos, no me cabe la menor duda. O tenía todas las ganas de hacerlo, pero quería que alguien a quien él juzga algo más sensato, o equilibrado, o qué se yo, le dijera “dale”. Tuvimos una breve conversación sobre lo que ella pretendía y lo que él pretendía y lo cierto es que eran puras inseguridades infundadas de su parte sobre un futuro eventual. Pero ni siquiera había llegado a la parte donde correspondía que esas posibilidades empezaran a aparecer, ya ni siquiera digamos concretarse. Por ahí salió que si la muchacha podría querer formalizar algo, que él no estaba ni ahí, y que tampoco se conocían tanto porque las dos o tres veces que se habían visto no habían hablado mucho y otras necedades por el estilo. Si vas a formalizar algo por el estilo con alguien a quien no conoces, te mereces lo que sea que te pase y no tienes derecho a quejas. Sólo un soquete haría algo así. Y sólo un soquete se preocuparía de que una persona a quien no conoce y que ha visto unas dos o tres veces le salga con algo por el estilo. Además de necesitar que otro venga y le diga lo que ya sabe.

Tras lo expuesto, lector, adivino que convendrás conmigo en que la gente es soquete. Pero te aseguro que más de una vez en tu vida te has visto en una situación parecida. Tú lo sabes, yo lo sé. Tal vez fue hace mucho, tal vez fue ayer, quizá tienes sesenta años y todavía te pasa. Y te seguirá pasando. Puede que no con asuntos similares al expuesto, pero sí con otros. Y es que todos somos soquetes en alguna medida, dudo que haya alguien que se salve de ello. Así pues, y para terminar, te decido con una amigable sonrisa un muy sentido “soquete”.