Chago's Corner

Francamente, no se me ocurre una descripción adecuada. ¿Y a ustedes?

Nombre: Unknown

lunes, septiembre 10, 2007

Sueños raros.

Nunca he sido de soñar mucho. O al menos no recuerdo lo que sueño, por lo menos no muy seguido. Cuando lo hago, o bien son cosas bastante impresionantes o auténticamente horribles. O simplemente muy raras. Anoche tuve uno de esos sueños. Estaba en un sitio en el que no he estado en años, dentro de un dormitorio ordenando algunas cosas y de pronto entraron por la puerta tres perros pequeños, no más grandes que un bull terrier (bastante parecidos a esos bichos), de patas cortas, y saltaron sobre mí. Lo raro no es que hayan estado perfectamente coordinados a la hora de saltar para caerme encima y morder en forma organizada. Tampoco el que, una vez haya tenido a las tres alimañas colgando del brazo, haya estado más preocupado de conseguir que me soltaran que del hecho de que me estuvieran mordiendo. Me parece que ni siquiera pesaban. Ni siquiera me sorprende que el que hayan entrado en la habitación pateando la puerta exactamente como lo habría hecho un equipo SWAT. Lo que de verdad me descoloca es que eran ninjas. Sí, perros ninja. Eso no tiene sentido.

lunes, septiembre 03, 2007

“Ahora vamos a ver cómo atrapar BALAS con los dientes.”

“Ah, ahora tengo su atención”, dijo sifu hace muchos años. Yo estaba conversando con un compañero en clases mientras él intentaba explicar algo, y no había forma de que pusiéramos atención. Esa línea funcionó muy bien, y sin duda ha de haber funcionado bien ahora. Espero. Si no, que los parta un rayo.
Evidentemente no voy a explicar la teoría de cómo atrapar balas con los dientes, primero porque no conozco ninguna, segundo porque no lo creo posible, y tercero, porque no faltaría el tonto que lo intentara en casa. De lo que quiero hablar en forma breve es de la marcha no autorizada de la CUT del 29 del mes pasado (Agosto de 2007) y del senador Navarro. Voy incluso a dejar de lado el hecho de que se trata de un miembro del PS marchando en primera fila en una marcha contra la administración, que no es otra cosa que el gobierno, del que oh sorpresa, el PS es miembro. Incluso ese sin sentido pasa a ser secundario frente al tema que, lo digo con total honestidad, me inquieta, preocupa y asusta un poco. ¿Por qué? Bueno, porque hubo conflicto con la fuerza pública, y el sujeto resultó herido.

Muy bien, sé que no estoy engañando a nadie, todos saben que me importa un comino que haya resultado herido, pero sigan leyendo.
Quisiera, lector, que le dieras una mirada al Art. 60 de nuestra Constitución. Puntualmente a los incisos cuarto y quinto. Doy por sentado que más de uno no tiene la Constitución y que o bien no sabe manejarse en la página web de la biblioteca de nuestro Congreso Nacional (
www.bcn.cl) o bien es demasiado perezoso como para hacerlo (seamos serios, es a prueba de tontos), así que me tomo la libertad – léase molestia – de reproducirlo aquí, destacando en cursiva los elementos que me parecen clave:
“Cesará en su cargo el diputado o senador que ejercite cualquier influencia ante las autoridades administrativas o judiciales a favor o representación del empleador o de los trabajadores e negociaciones o conflictos laborales, sean del sector público o privado, o que intervengan en ellos ante cualquiera de las partes. Igual sanción se aplicará al parlamentario que actúe o intervenga en actividades estudiantiles, cualquiera sea la rama de la enseñanza, con el objeto de atentar contra su normal desenvolvimiento.
Sin perjuicio de lo dispuesto en el inciso séptimo del número 15º del artículo 19, cesará, asimismo, en sus funciones el diputado o senador que de palabra o por escrito incite a la alteración del orden público o propicie el cambio de orden jurídico institucional por medios distintos de los que establece esta Constitución, o que comprometa gravemente la seguridad o el honor de la Nación.”
Bien pues, empecemos. Participar en una marcha – no autorizada – de la CUT (central unitaria de trabajadores, en el remoto caso de que alguien lo ignore) me parece, en mi humilde ignorancia, que podría perfectamente caber dentro del supuesto del inciso cuarto. Puntualmente como conflicto, dado que no se trataba de una negociación. Después de todo, sin conflictos no hay marchas de protesta, ¿no? Así que estaría interviniendo ante una de las partes, puntualmente los trabajadores. Pasemos al inciso quinto. Navarro estaba en una manifestación, a la cabeza de una marcha. Me parece que es razonable dudar que haya marchado en silencio, más si destacamos que llevaba una multitud de gente detrás y que la gente se identifica con el sentir de la multitud en este tipo de manifestaciones. Puede que en algún esfuerzo sobrehumano haya marchado callado, pero lo veo improbable. Así que perfectamente podríamos sostener que habría instado a la alteración del orden público, de palabra, al ir marchando a la cabeza de una protesta, muy posiblemente instándola a marchar o alentándola de alguna manera.
Si alguien se tomara la molestia de acusar esto y entablar el proceso pertinente, el Sr. Navarro debería cesar inmediatamente en su cargo como senador. Sin embargo, mucho me temo que en lugar de ello esto se pase por alto, se le baje el perfil, Navarro siga como senador en actitud de “aquí no ha pasado nada” y, si se identifica al funcionario que lo agredió – no les quepa la menor duda de que lo agredió “sin motivo, haciendo abuso de la fuerza, sin que mediara provocación” y todas las patrañas de rigor – se le dé de baja. Si no se le identifica, el que saldrá de la institución será el oficial a cargo.
No sé por qué me tomo la molestia de escribir todo esto. Es decir, es simplemente una violación más al estado de derecho, nada del otro mundo. Creo. No tengo como saber qué opina el común de los mortales, tal vez no sea algo tan terrible. Indudablemente hay cosas peores.
Aquí viene lo que de verdad me molesta: tal vez sea mejor así.
Por favor, bajen las antorchas, hoces, guadañas, rastrillos y chuzos. La afirmación que acabo de escribir, en principio aberrante, tiene razón de ser, no es meramente arbitraria. Verán, en un momento como el que estamos pasando como país, en que tenemos un gobierno que no ha sido todo lo competente que nos gustaría (sí, fui excesivamente amable con ese comentario, pero de eso se trata), donde tenemos un proyecto fiasco como es el TranSantiago - que pagan los impuestos de todo el país, así que por favor gentes de Santiago, no crean ser los únicos afectados – problemas limítrofes con nuestros vecinos (un polvorín al que sólo le falta la chispa, que probablemente va a ser un viejo de 70 años con un bote y una red) y una sensación general de desgobierno, lo peor que podemos hacer es echarle más agua al vaso. Cuando uno percibe desgobierno desde arriba, inmediatamente eso cae como una cascada hacia abajo, empapándolo todo. Ahí es cuando las cosas se salen de control. Y observemos que se trata de una simple cuestión de percepciones. Veamos el tema de la delincuencia. Los niveles de delincuencia, si bien no son despreciables, no se condicen con la sensación general de inseguridad. ¿Por qué? Porque, al ver la prensa, nos topamos con que se destina especial atención a todo lo que es delito. Entre más atroz, mejor. Y así es como se fomenta el miedo. Y no es que se haga por maldad, simplemente se hace porque es negocio. El TranSantiago ha sido un desastre, y no se ha hecho nada por dejar de apedrearlo a nivel de prensa porque eso vende. En general, somos un país muy, muy bueno para quejarnos. Por lo mismo es que basta con dar motivos de queja para vender, y se forma un círculo vicioso entre el material que puede considerarse rayano en lo morboso, la inseguridad y el descontento.
Así pues, llamo a la calma. Al menos por un tiempo. No crean todo lo que leen, especialmente en cuanto a índices de delincuencia (y desempleo, y crecimiento) y a dejar pasar ciertas cosas cuando ello deviene en un bien mayor. Cuando los problemas mayores estén resueltos, podemos dedicarnos a apedrear a los problemas menores. O a los que los causan. Pero que no se les olvide esta infracción al estado de derecho, porque nos guste o no, es todo lo que tenemos. Si desaparece el estado de derecho todo se va al diablo y se impone la ley del más fuerte (o acaudalado, que para el caso es lo mismo) y lo mismo da irse a vivir a una cueva, donde el vecino no represente una amenaza. Una sociedad sin reglas es insufrible y no se puede tolerar que los mismos miembros del Gobierno sean quienes las trasgredan. Así que, si bien por esta vez podemos permitirnos cierta indulgencia en este caso particular, hay que estar atentos de que no vuelva a repetirse. Mal que mal, si no es uno quién patalea, ¿quién va a hacerlo? Así que guarden las antorchas, hoces, guadañas, rastrillos y chuzos, por ahora. Puede que un día hagan falta.
Y el día que hagan falta, limítense a pasear en círculos con ellos, donde y cuando les hayan dado permiso, sin quemar nada y como una buena turba de campesinos enardecidos civilizados. Si de verdad aspiramos a ser país desarrollado, comportémonos como tal.